Por José Pablo Feinmann
Fuente: http://www.pagina12.com.ar/ domingo 30 de enero de 2011
Carlos Alberto Da Silva
Pareciera que los críticos de cine norteamericanos no toleraran el pesimismo del señor Allen. Como si fuera una traición a la patria; a una patria, además, que se encuentra en guerra, protegiendo al mundo de la barbarie terrorista con la barbarie de los marines y con la amenazante y aun peor barbarie de los republicanos del Tea Party y de la sensible Sarah Palin. Allen tiene su derecho a ser pesimista. Ha vivido muchos años. El Dios que buscó durante toda la primera parte de su carrera no apareció y los hombres están arrojados a sus pulsiones primarias en un mundo al garete, sin ninguna instancia superior, sin nada en qué fundar una moral. En filosofía, para colmo, triunfan las filosofías del lenguaje, el posestructuralismo, y son arrojados a los viejos tachos de basura el sujeto, la densidad de los actos humanos y hasta el humanismo. ¿Qué moral se puede crear en ese ambiente deshumanizado que se refugia en las academias y desdeña el mundo en que se agitan las pasiones de los pobres seres que buscan salir de su soledad, eludir su medianía, enamorarse, no morir solos, porque ya todos saben que van a morir?
Esta notable película reflexiva de Allen estructura tres historias, tal vez algo más, y con eso le alcanza. Los personajes están delineados por la larga, elaborada experiencia de Allen para escribir guiones. (Allen no pone: “Un film de”, pone “Escrita y dirigida por”). Todos son falibles, se meten en historias de las que saldrán estragados. No conocen su destino. No podría decirse que no actúan con pasión. Con esa pasión que Hegel le pedía al elemento particular de la Historia (el hombre) para que el Universal (la Idea absoluta) le diera su destino final. Es una de las más profundas indagaciones de la filosofía en la condición humana. La historia la hacen los hombres en el modo de la pasión. Hacen esto y aquello y aquello. Todo lo que hacen, creen saber por qué lo hacen. Pero no dominan el sentido último de sus actos. Este sentido pertenece a lo Absoluto que les otorga siempre uno distinto del que se propusieron los padecientes individuos, que seguirán, sin embargo, apasionándose en nuevos proyectos, hasta que el cansancio los agobie y los sepulte en la impotencia o en la definitiva melancolía que sabemos a dónde conduce.
Fuente: http://www.pagina12.com.ar/ domingo 30 de enero de 2011
Carlos Alberto Da Silva

