Etiquetas

acceso a internet acceso a la información acto administrativo amparo análisis económico del derecho antidiscriminación audiencia pública bafici china comisión interamericana de derechos humanos contratos administrativos control de constitucionalidad control de convencionalidad control público convención americana de derechos humanos convención interamericana contra la corrupción corrupción corte interamericana de derechos humanos cuentas públicas debido proceso decretos de necesidad y urgencia delitos contra la administración pública Derecho a la intimidad derecho a la protesta derecho a la salud Derecho a la Vida derecho a la vivienda digna derecho administrativo derecho administrativo global derecho administrativo sancionador derecho al agua derecho ambiental derecho comparado derecho constitucional derecho de gentes derecho electoral derecho internacional derecho parlamentario derecho procesal constitucional derecho público provincial derechos de la mujer derechos de las personas con discapacidad derechos de los pueblos originarios derechos humanos DESC deuda pública discriminación economía empleo público entes reguladores ética pública fideicomiso público filosofía funcionario público globalización inmunidades parlamentarias insolvencia soberana juicio de cuentas juicio de responsabilidad juicio político libertad de expresión literatura participación ciudadana política argentina política internacional procedimiento administrativo publicidad oficial responsabilidad corporativa responsabilidad del estado responsabilidad del funcionario público servicios públicos transparencia violación de los deberes de funcionario público

viernes, 19 de agosto de 2011

"Diccionario del diablo" de Ambrose Bierce para descargar

El libro del cínico
Autor de una obra tan extravagante como su propia vida, su Diccionario del diablo, libro de la más alta tradición satírica, cumple 100 años. Aquí, una lectura filosófica de esta colección de cínicos aforismos con la que Bierce atacó a todos los estratos de la sociedad.
Por Ruben H. Rios

En la obra del escritor y periodista Ambrose Gwinett Bierce (1842-¿1914?), comparado demasiadas veces con Poe, Hawthorne o Bret Harte a fin de ubicarlo como uno los grandes narradores estadounidenses del siglo XIX, el Diccionario del diablo (cuya edición definitiva se publica en 1911) supone un inconveniente insalvable: indica que su autor, además de escribir relatos terroríficos o fantásticos, cuentos lúgubres o de humor negro, se ganaba la vida escribiendo textos satíricos. Y no sólo eso. La colección de 998 aforismos y definiciones que componen este libro ya clásico, publicado en fragmentos en diversos periódicos y revistas durante más de veinte años, pertenece a la más alta tradición de la literatura satírica, desde el cínico Bion de Borístenes (el creador de la “diatriba” hacia los siglos III y II a.C.) a Horacio, de Petronio a Juvenal (el último de los grandes satíricos romanos), de Cervantes a Moliére, de Shakespeare a Rabelais, de Quevedo a Swift, de Voltaire a Bernard Shaw. En esta estirpe de maestros del sarcasmo y la burla, muy antigua en la cultura occidental, se inserta Bierce a través de un “diccionario” (The Devil’s Dictionary en inglés) que ironiza todas las formas de la hipocresía, la mentira, la corrupción, la vulgaridad y la estupidez humana. Quizá, si lo hay, un tema inmortal.
Dicho rápidamente: Bierce nace en Meigs County (Ohio), en un numeroso hogar de campesinos pobres y se educa en la biblioteca de su padre y en una imprenta en la que trabaja desde niño. A los 17 años, lo envían al Kentucky Military Institute. Luego, regresa a Indiana y trabaja en la granja de los padres, como albañil y mozo. Cuando estalla de la Guerra de Secesión, se enrola en el Ejército del Norte e interviene en varias batallas hasta que resulta herido en la cabeza. Luego, consigue emplearse en Alabama como administrador del algodón. Después viaja a Nueva Orleans y Panamá y, en 1865, se incluye en una expedición contra los sioux. En San Francisco (donde se encuentran Mark Twain y Bret Harte), en septiembre y noviembre de 1867, publica dos poemas en el Californian y, también, un ensayo satírico sobre el sufragio de la mujer. Colabora en varias publicaciones, hasta que en 1868 lo nombran redactor del Town Crier, en donde escriben humoristas. Por entonces se hace amigo de Twain, quien como él se dedica al periodismo impertinente. Desde enero hasta junio de 1871, con seudónimo, publica varios artículos en el Overland Montly y su primera historia: “El valle atormentado”. En diciembre de ese año se casa y viaja a Londres. Allí, escribe para la revista Fun y el semanario Figaro y envía artículos al Alta California sobre noticias de Inglaterra. Entre julio de 1872 y marzo de 1873 publica en Fun una serie de exitosos trabajos y da a conocer sus primeros libros de relatos y artículos.
De regreso, en 1877, trabaja en la revista Argonaut. En junio, publica La Danza de la muerte (The Dance of Death). En 1880, de pronto, se muda a Dakota para administrar un yacimiento de oro. Al año siguiente retorna a San Francisco y comienza a trabajar en el semanario Wasp en una sección compuesta de aforismos e inicia el Diccionario, una idea sobre la cual venía trabajado bajo el título El libro del cínico (The Cynic’s Word Book). En 1886, lo llama el sensacionalista The San Francisco Examiner de W. R. Hearst. En 1892 publica Cucarachas en ámbar (Black beetles in amber) y en 1895 empieza a escribir para el New York Journal, también de Hearst. Después de vivir un tiempo en Nueva York, en noviembre de 1896 vuelve a San Francisco, en donde permanece hasta 1899. En esos años publica Cuentos de soldados y civiles (Tales of soldiers and civilians), quizá su libro más conocido; El monje y el verdugo Doughter (The monk and the Hangman’s Doughter); ¿Pueden suceder tales cosas? (Can such things be?), y Fábulas fantásticas (Fantastic fables). A fines de 1899 se va a vivir al Este. Sigue en las publicaciones de Hearst hasta 1906, debido a una disputa con éste, aunque continúa escribiendo para otro de sus pasquines, Cosmopolitan. En ese año se publica The Cinic’s Word Book, la primera versión del Diccionario. En 1907 aparece Un hijo de los dioses y un Jinete en el Cielo (A son of the gods and a Horseman in the Sky). Dos años después, publica una colección de ensayos y, finalmente, entre otros, en 1911, el Diccionario.
Desde 1909 hasta 1912, Bierce prepara sus Collected Works y una vez terminado el trabajo renuncia a la literatura. Asmático crónico, separado de su mujer desde 1888 y con dos hijos muertos, sale de Washington el 2 de octubre de 1913 y visita los sitios donde había combatido en la Guerra Civil. Llega a Nueva Orleans, atraviesa San Antonio y Laredo. De ahí se dirige a El Paso, Juárez y Chihuahua. A los 71 años, envía su última carta el 26 de diciembre, en donde dice que intenta ir a Ojinaga al día siguiente a reunirse con el ejército de Pancho Villa. Esta ciudad es sitiada el 1º de enero de 1914 y cae el 11 de enero, luego de una cruenta batalla. Los cadáveres se queman en grandes pilas. Quizá en Ojinaga muere Bierce, a quien morir entre sábanas le parecía de dudoso gusto.
Solo contra todos. En general, el Diccionario es una burla contra la vida civilizada, al modo del cinismo antiguo (al menos desde Menipo de Gádara, filósofo cínico del siglo III a.C., cuyo estilo escéptico y ofrendado a la burla y el escarnio influye en las llamadas “sátiras menipeas” romanas) o del fundador de la sátira latina, el aristocrático Cayo Lucilio (180-103 a.C.), escritor pesimista pero apoyado en cierto trasfondo moral que le permite atacar sin reservas a todos los estratos y comportamientos de la sociedad (amigos o enemigos, vida pública o privada, patricios o plebeyos), con la pretensión de corregir los defectos sociales a través de la afrenta y el sarcasmo. A tan lejos, si se quiere, se remonta el Diccionario. De hecho, recurre incontables veces al epigrama, un género breve –no más que unas frases– que difiere de la sentencia o la máxima por su mordacidad (fulminante, si es posible) contra alguien o algo, que se desarrolla a partir de los epitafios en los monumentos funerarios romanos. Si bien las entradas suelen dan lugar a relatos absurdos o descabellados, por lo común se limitan a definir o ilustrar las palabras en pocos enunciados o dichos epigramáticos. A veces basta una frase o un solo vocablo define otro. El título original del libro –The Cinic’s Word Book–, que no le gustaba demasiado a Bierce, lo dice todo con respecto a su idiosincrasia anticivilizatoria (por lo tanto, antimoderna) y al tono gracioso e irónico que predomina en él, lo que no necesariamente excluye la ofensa y el insulto más o menos directo. En todo caso, en esto hay menos misantropía que una sensibilidad descreída del orden humano del mundo, como si desde antiguo la humanidad hubiera equivocado el camino.
La lexicografía tragicómica del Diccionario describe una especie de orbe o de universo caído en un sistema dominado por falsificaciones y simulacros. El mismo significado de las palabras se encuentra falseado, ya que la mayoría de las veces expresan lo contrario o algo por completo distinto y más desagradable. La inversión de la definición corriente de los vocablos constituye una constante en la técnica de Bierce, lo que provoca un marcado efecto de falseamiento de los valores morales (muy propio del legendario cinismo de Diógenes de Sinope, para quien su tarea consistía en paracharáttein tó nómisma, es decir, en “acuñar” o “falsificar moneda” en el sentido de “trasmutar los valores”) y, en consecuencia, de desmentida general de la identidad del signo. Finalmente, las palabras disimulan más (bastante más) de lo que comunican o significan. El Diccionario funciona como el dispositivo de desenmascaramiento de un mundo de simulaciones, donde las relaciones humanas y sociales están distorsionadas por entero y sometidas a principios triviales y mediocres que se presentan como superiores y excelsos. La civilización del progreso, con sus vías férreas y grandes ciudades, teléfonos y fonógrafos, latas de tomate y botellas de cerveza, que se exalta a sí misma como heraldo de la paz y la democracia, por el contrario, encarna una nueva barbarie basada en el optimismo de la razón y el poder de los ricos. La cerradura es su insignia. La esfera política, por esta razón, consiste en un reino más bien bizarro donde el dinero y la codicia traban alianza y el político, lejos de ser una figura de los ideales de la libertad y la igualdad, compone un pequeño monarca o reyezuelo (o, incluso, un “cerdo engrasado”) venal y mentiroso.
Del mismo modo, se atacan todas las instituciones modernas y liberales, las cuales se definen mejor como modalidades de la servidumbre y el conformismo que de emancipación del individuo. El periodismo (simbolizado por el secretario de redacción, un “censor severamente virtuoso”) también recibe su dosis específica de irrisión y desprestigio, como la novela (un “cuento inflado”), la filosofía ilustrada (en especial, Descartes, Locke y Kant), la filosofía antigua (Platón y otros), el positivismo, la lógica, la historia, el patriotismo, el comercio, los procesos judiciales, la policía (“Fuerza armada destinada a asegurar la protección al expolio”), el parlamento y el clero. En el Diccionario, la religión y el cristianismo en todas sus formas, las creencias esotéricas y espiritualistas, como la teosofía, son ridiculizadas como productos del temor, la ignorancia y la simpleza. El dios cristiano ha sido creado por los hombres a imagen y semejanza de sí mismos, y el creyente en las enseñanzas de Cristo las acepta siempre y cuando le permitan pecar. El santo no resulta más, al fin y al cabo, que un pecador fallecido y rehabilitado en otros términos después de la muerte. La inmoralidad, por otra parte, no se relaciona con la religión sino con cuestiones prácticas. Se llama “inmoral” a lo poco práctico, a lo que no responde a ninguna utilidad, y “moral” a una norma relativa que cambia según las épocas y regiones.
Claro, en la tierra caída del Diccionario bajo la electricidad y el afán de lucro, los sacerdotes y los banqueros, el sufragio y la manipulación de las palabras, se derrama inmoralidad por doquier, y especialmente en la conducta moral. La paradoja gobierna todo el sistema. Las virtudes no son más que ciertas abstenciones y la verdad (o la realidad) se confunde con la apariencia, el deseo y los intereses personales. La veracidad se interpreta como tontería y falta de educación. El placer no se distingue del tedio, la amistad de la deslealtad, la opinión de la reflexión, la generosidad del egoísmo, la impunidad de la riqueza, la justicia de la injusticia, la libertad de la esclavitud. Quizá en un tiempo, a juzgar por algunas entradas del Diccionario, este mundo era un lugar maravilloso y mágico, extraordinario y pleno de misterio, pero ya no existe. Lo ha extinguido y reemplazado la pura objetividad de las cosas, el humo de las industrias, las imágenes fotográficas, los ferrocarriles, las supersticiones del progreso, etc. Según Bierce, en los Estados Unidos la sátira nunca ha prosperado porque los norteamericanos, que están llenos de vicios y locuras, no las consideran reprobables. El satírico es sólo un infame amargado.

Definiciones diabólicas*
Acusar, v.t. Afirmar la culpa o indignidad de otro; generalmente, para justificarnos por haberle causado algún daño.
Aplauso, s. El eco de una tontería. Monedas con que el populacho recompensa a quienes lo hacen reír y lo devoran.
Autoestima, s. Evaluación errónea.
Belleza, s. Don femenino que seduce a un amante y aterra a un marido.
Bruja, s. (1) Mujer fea y repulsiva en perversa alianza con el demonio. (2) Muchacha joven y hermosa, en perversa alianza con el demonio.
Confort, s. Estado de ánimo producido por la contemplación de la
desgracia ajena.
Conservador, adj. Dícese del estadista enamorado de los males existentes, por oposición al liberal, que desea reemplazarlos por otros.
Desprecio, s. Sentimiento que experimenta un hombre prudente ante un enemigo demasiado temible para hacerle frente sin peligro.
Entusiasmo, s. Dolencia de la juventud, curable con pequeñas dosis de arrepentimiento y aplicaciones externas de experiencia.
Futuro, s. Epoca en que nuestros asuntos prosperan, nuestros amigos son leales y nuestra felicidad está asegurada.
Idiota, s. Miembro de una vasta y poderosa tribu cuya influencia en los asuntos humanos ha sido siempre
dominante. La actividad del Idiota no se limita a ningún campo especial de pensamiento o acción, sino que “satura y regula el todo”. Siempre tiene la última palabra; su decisión es inapelable. Establece las modas de la opinión y el gusto, dicta las limitaciones del lenguaje, fija las normas de la conducta.
Optimismo, s. Doctrina o creencia de que todo es hermoso, inclusive lo que es feo; todo es bueno, especialmente lo malo; y todo está bien dentro de lo que está mal. Es sostenida con la mayor tenacidad por los más acostumbrados a una suerte adversa. La forma más aceptable de exponerla es con una mueca que simula una sonrisa. Siendo una fe ciega, no percibe la luz de la refutación. Enfermedad intelectual, no cede a ningún tratamiento, salvo la muerte. Es hereditaria, pero afortunadamente no es contagiosa.
Rezar, v.i. Pedir que las leyes del universo sean anuladas en beneficio de un solo peticionante, confesadamente indigno.
Solo, adj. En mala compañía.
*Traducción de Rodolfo Walsh
 Fuente: www.perfil.com


“Ricardo Monner Sans s/obligatoriedad del voto Ley 26.571” – Cámara Nacional Electoral – 18/08/2011

ELECCIONES PRIMARIAS. INCUMPLIMIENTO DEL DEBER DE VOTAR. Ausencia de impedimento para sufragar en los Comicios Generales. Ley 26571. CARÁCTER UNIVERSAL Y OBLIGATORIO DEL SUFRAGIO. Relevancia del voto en el sistema democrático. Carácter taxativo de las causales legales de privación del derecho al voto. Cámara Nacional Electoral. Ejercicio de facultades especiales en materia reglamentaria y de administración electoral. Art. 6 de la ley 19108

SUMARIOS:

“Es muy claro que la omisión injustificada de votar en las elecciones primarias del pasado 14 de agosto no puede generar consecuencias diferentes a los electores de distintos distritos electorales, sino que es una cuestión que debe definirse unívocamente para todo el país.”

“El sufragio es un derecho público de naturaleza política, que tiene “carácter funcional, [siendo] ejercido en interés no del ciudadano individualmente considerado sino de la comunidad política, a través del cuerpo electoral” (Fallos 310:819, considerando 10, entre otros).”

“El carácter universal del sufragio hace a la substancia del Estado constitucional contemporáneo. Su función es hacer posible el gobierno del pueblo o de una de sus mayorías, aproximando el ideal democrático a la realidad de la vida (cf. Fallos 325:524, voto de los jueces Fayt y Petracchi y Fallo 4026/08 CNE).”

“La universalidad del sufragio “exige que se garantice el derecho a la participación al conjunto de votantes más amplio que sea razonablemente posible” (cf. “Los Derechos Humanos y las Elecciones - Manual sobre los aspectos jurídicos, técnicos y de derechos humanos referente a las elecciones”, Naciones Unidas, Nueva York y Ginebra, 1994, p. 11).”

“Se ha establecido asimismo que la inhabilitación de un ciudadano para emitir su voto “solo podría ser consecuencia de las causales taxativamente contempladas por la ley” (cf. Fallo 2524/99 CNE).”

“La ley 26.571 establece la obligatoriedad del voto en las elecciones primarias que ella regula (art. 23), de manera concordante con el carácter obligatorio que en nuestro medio tiene el ejercicio del voto en los comicios generales (art. 37 CN y art. 12 CEN). Para los casos de infracción a dicho deber legal, aquélla remite a las previsiones del Código Electoral Nacional, que determina las sanciones aplicables a los electores que no hayan votado y no acrediten una justificación (art. 19, ley 26.571 y arts. 125 y 126 CEN). Sin embargo, ninguna disposición legal determina que el elector que hubiera omitido votar -aun injustificadamente- en las elecciones primarias, pueda ser privado de su derecho al voto en las elecciones generales por esa sola razón.”

“Atento al carácter taxativo que, según se ha dicho (cf. consid. 6º), tienen las causales legales de privación del derecho al voto, corresponde dejar sin efecto lo resuelto por el a quo mediante Acta Nº 2 y aclarar -con el alcance fijado en el art. 6º de la ley 19.108 (cf. consid. 4º)- que el incumplimiento del deber de votar en las elecciones primarias del pasado 14 de agosto no constituye un impedimento para votar en los comicios generales del próximo 23 de octubre.”

Citar: elDial.com - AA6E54
Publicado el 19/08/2011                      
Fuente: www.eldial.com.ar


Fallo completo: https://docs.google.com/document/d/1Bv1vo-lk9p4pTp2H6dhUm1p-CVaxcwZ_P9bID_jybFw/edit?hl=es

lunes, 15 de agosto de 2011

The legacy of Carlos s. Nino: Taking (social) rights seriously

Por Walter F. Carnota*

1. Introduction.-

Classical constitutions focused on the basic blueprint of government and just a cluster of negative rights. These rights were recognized to all human beings as ‘natural’ or ‘essential’, mainly in the civil and political arenas. The 1787 U.S. Constitution did not provide originally for a bill of rights; the first Ten Amendments eventually did so four years later.-
The American experience is telling, as freedom of speech and religion, right to assembly and to petition the redress of grievances, right to bear arms and procedural safeguards such as those of Amendments IV and V were included. Many constitutions subsequently followed suit, and also entrenched a ‘minimal’ bill of rights. Constitutions were rather short and unpretentious. A strong emphasis was placed on limitations and checks on government (what was known as the ‘frame of government’section) instead of the rights area. The ‘rights talk’ was rather rethorical and scant. Some Constitutions even do not include a bill of rights at all, such as Australia (1901).-
Constitutions tended to develop the Enlightenment philosophy of the 18th.Century. The influence of political thinkers such as Montesquieu and Rousseau is easily recognizable in many documents, as division of powers and popular sovereignty became dominant features.-

2. Social changes and Constitutionalism.-

The Industrial Revolution spawned considerable changes in economic and social life in general. It also had a considerable impact on political and legal institutions, since new problems arose and fresh approaches became necessary.-
State involvement in the economy was a salient factor in the first decades of the 20th.Century. As Epstein argues, "The growth of government is an oft-told tale, and nowhere is that growth more pronounced than in the expansion of government transfers of money, goods, and services to persons in need"[1].-
Constitutions reflected these changes by promising new rights in the labor, education, health and cultural fields (Mexico-1917; Germany -1919). Democracy was not limited to the ballot box; governments ushered in a new dialogue involving social and economic actors, as for instance, FDR’s New Deal in the early and mid-1930s, or Lyndon Johnson’s ‘Great Society’ programs in the mid-1960s.-
Interestingly, the American Constitution was not amended accordingly. However, the U.S. Supreme Court became more pro-active (even ‘activist’) in subsequent decades (for instance, the Warren Court during the 1950s and 1960s).-
After the devastation caused by the Second World War (1939-1945), international documents (such as the Universal Declaration of Human Rights, 1948) and domestic constitutions (Italy-1947; Germany-1949) enshrined these new social and economic rights.-


3. Professor Carlos Nino and the Argentine democratic consolidation process (1985-1989).-

The constitutional thought of Carlos Santiago Nino was pivotal in fostering a new human rights culture throughout Argentina and in many parts of the Western Hemisphere.-
Nino not only was a first-class political and legal philosopher; he also served, under President Raúl Alfonsín’s Administration, as coordinator for the ‘Council of Democratic Consolidation’.-
In that capacity, he was able to garner different opinions regarding a prospective constitutional reform process. Some of his advisers echoed his opinions on Article 14 bis of the Argentine Constitution, which tepidly recognizes social rights.-


4. The nature of Social rights.-

Nino tackles the all-important question of the true nature of social rights in his seminal work ‘Fundamentos de Derecho Constitucional’[2]. He criticizes the notion of ‘non-executing’ rights, as masking other problems. Rights are indivisible, and are ‘self-executing’ per se[3]. A theory of democratic governance which allows for a non-self executing rights doctrine is controversial and troublesome.-
The democratic political process should be able to fully implement both civil and social rights on an equal footing. Otherwise, equal protection under the law is severely compromised.-
Nino differs from other authors on the problem of the special character of social rights. Many scholars advocate increasing judicial activism on this front, so as to trigger dormant social rights clauses. By contrast, Nino points out to structural flaws in the political system and is reluctant to confer such enabling powers to non-elected officials such as judges.-
Even if social rights could lack the same bite and effect than the rest of rights, this fact does not mean that they do not exist at all. Nino thought that the solution provided by the 1978 Spanish Constitution was a valid one. This document differentiates ‘fundamental rights’ (i.e., civil and political rights) from ‘economic and social principles’. However, Article 53.3 of this Constitution states that these principles will influence legislation, judicial practice and public policy. Judicialization is a rather indirect and not straightforward process, as for example in Argentina[4].-



[1] Epstein, Richard A., "The Uncertain Quest of Welfare Rights", in Bryner, Gary C., and Reynolds, Noel B., Constitutionalism and Rights, BYU, Provo, UT, page 33.
[2] Carlos S. Nino, Fundamentos de Derecho Constitucional, Buenos Aires, Astrea, 1992, page 408.
[3] The Vienna Conference on Human Rights sponsored by the U.N. in 1993 –the very same year Nino died- arrived to similar conclusions.
[4] Carnota, Walter F., Rights and Politics in Argentine Social Security Reform’, in Australian Journal of Political Science, 44-1, page 123.
                                                                                                  
 
Citar: elDial.com - DC1685

Fuente: www.eldial.com.ar

jueves, 11 de agosto de 2011

Los principales programas de protección social en la provincia de Río Negro

Paula Forteza • María Fernanda Potenza Dal Masetto

Este documento fue elaborado como parte del proyecto “La incidencia de las variables políticoinstitucionales en la gestión, pertinencia y alcance de los programas de combate a la pobreza: Un análisis de los principales programas en la Argentina desde el año 2002 hasta la actualidad”, dirigido por Fabián Repetto [Proyecto de la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Tecnológica de la Nación, PICT Nº 10/2206, convocatoria 2007].