viernes, 4 de junio de 2010

Lisandro Aristimuño en el Centro Cultural




Hoy se respira viento sur

ese que nace del frío

horno de barro calienta el sol

de los lugares perdidos.


Fuimos al recital sin saber qué nos íbamos a encontrar. Pero fuimos, porque Lisandro es de Viedma, porque es uno de los jóvenes músicos argentinos mas prometedores del momento, y porque en definitiva, si lo reconocen, admiran y quieren en todo el país, y sus dos primeros discos quedaron entre los mejores 50 de los años en que fueron editados... cómo no vamos a ir a verlo nosotros, que hemos pasado tantas noches de los noventa en Las Grutas escuchando sus covers y algunas de sus primeras canciones propias.

No conocía la música de Lisandro, aunque sabía que sus discos habían recibido buenas críticas. Pero algo me gustó mucho y fue leer una entrevista que le hicieron donde habló de Viedma, del río, del mar y de la vida acá. Me di cuenta que es un artista de esos que han seguido el consejo “pinta tu aldea”, que lleva su pueblo en el corazón.

Y lo pude corroborar. Las canciones de Aristimuño están llenas de viento, de río, de loros barranqueros, de atardeceres en el mar y en la costanera con almendros en flor. De árboles caídos donde ir a besarse con la novia adolescente y de frío. Lisandro flota en el agua, se deja llevar hasta el canal de Patagones... Y todo esto lo cuenta con música. Música sorprendente, gozosa, un sonido nuevo que mezcla cosas del pop, del folklore, de música electrónica y mas. Único e incomparable pero que a la vez me hizo pensar un poco en Vicentico, en Drexler, en Manu Chao, en Calamaro y en el flaco Spinetta.

Su orquesta “Los azules turquesas” está compuesta por cinco personas. Hay dos chelos, batería guitarra y bajo. Pero también hay charango, arreglos electrónicos y la incorporación de todo tipo de instrumentos de percusión que toca Rocío Aristimuño. Hace varios años que están juntos (cosa rara en el ambiente artístico) y se nota. Los músicos se comunican en el escenario, participan de un diálogo permanente. No es música triste ni bajoneante. Es música que te hace dar ganas de bailar y de cantar.

Si pueden, déjense sorprender por este hijo de Viedma. Van a pasar un buen momento.

Saludos de La Lectora Omnivora

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