INTRODUCCIÓN.-
Un rasgo permanente en la literatura sobre populismo es la dificultad para dar un significado preciso al concepto. Dogmáticamente se predica del populismo (y de los partidos populistas) que constituye una práctica política desdeñable.
Así, podemos ubicar a la obra de Hypólito Taine, “Los orígenes de la Francia contemporánea”, como el modelo que anticipa a los teóricos cuestionadores del populismo. Concretamente, se sostendrá que:
• La racionalidad pertenece al individuo.
• Que éste pierde mucho de sus atributos racionales cuando participa de una multitud.
• Se comparará el comportamiento de las masas con formas inferiores de la vida o de la organización social.
El análisis conceptual es reemplazado por enumeraciones descriptivas de una variedad de rasgos relevantes, que no obstante, es socavada por la referencia a una proliferación de excepciones.(2)
En ese plano se puede mencionar a Peter Wiles, que en su trabajo “Un síndrome, no una doctrina: algunas tesis elementales sobre populismo”, en G. Ionesco y E.Gellner, Populismo, 163-179, individualiza veinticuatro características que informan al populismo, que van desde su carácter revolucionario y su oposición a la lucha de clases hasta la adopción de la cooperativa como tipo económico.
Luego de sistematizar los rasgos típicos del populismo, Wiles dedica la segunda parte del trabajo a analizar las excepciones, concluyendo sobre la inexistencia histórica de algún movimiento o partido calificado de populista, que presente las veinticuatro características del modelo.
Mas allá del citado déficit de la teoría, es indudable que los partidos o movimientos populistas constituyen una realidad en los siglos XIX y XX, exteriorizándose en diferentes contextos históricos, económicos, sociales, culturales y políticos. Han surgido populismos de izquierda y de derecha, en paises del denominado Tercer Mundo y en los centrales.
Marx modificó su interpretación de la denominada “cuestión nacional” a partir de la observación del fenómeno del populismo ruso. En igual sentido, Lenín admitió la influencia de los narodniki en el proceso revolucionario que subvertía el imperio zarista.
El marxismo moderno, en su giro hacia el “joven Marx”, ha pasado a ser populista.(3)
Transitando el siglo XXI, es un hecho innegable el vigor de los partidos y movimientos populistas, que con su existencia y desarrollo contradicen los discursos unidireccionales de la globalización, que al igual que anteriores formas de penetración cultural, intentan convencernos que hay un único escenario mundial, donde la sociedad civil se ha impuesto al Estado-Nación, la soberanía de los países tiende desaparecer, los movimientos de masas y los liderazgos carismáticos son resabios de otras épocas y todos somos partes de una única aldea mundial. En esta línea de razonamiento superficial y dogmático, se predica que un habitante de una ciudad del Tercer Mundo, (por ejemplo Buenos Aires) vive la misma realidad que uno de Nueva York.
El presente trabajo, mera introducción al problema, intentará realizar una nueva lectura de los partidos y movimientos populistas, cuyo perfil no logra subsumirse en la clasificación de los partidos políticos de la teoría política contemporánea . Se pretenderá esquematizar a través de un cuadro histórico algunos de los rasgos que han presentado populismos varios en los siglos XIX y XX. Por último, utilizando los aportes teóricos de Ernesto Laclau, se tratará de demostrar que existe un nuevo discurso sobre el populismo, que es vuelto a pensar como lógica social y modo de construir lo político.
NOTAS
1) Revista Argentina del Régimen de la Administración Pública, Rap Nº 387, 2010.
2) LACLAU, ERNESTO, LA RAZÓN POPULISTA, Bs.As., FCE, 2005, p. 15)
3) Donal MacRae, “populism as an ideology”, en G. Ionescu y E. Gellner, ob.cit., p.164
Artículo completo en: https://docs.google.com/viewer?a=v&pid=explorer&chrome=true&srcid=0BzsbMiDsvU4bZjJmOGZhNWEtMzQzMC00MmY4LTkzYzEtYzYwN2ZmOTA2Mjc4&hl=es
LUIS EMILIO PRAVATO
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